El mar se había secado de repente. Por Liú Santiesteban.


El mar se había secado de repente;

y el cielo se había vuelto gris.

Ya no había pájaros ni arcoiris,

ni señales de un mundo feliz.

Estaba roto el encanto y la esperanza

se había muerto de hambre.

La confianza agonizó en un instante:

Efímero y eterno. Sangrante y febril.


Y de la sangre saliste tú.

Hablando un idioma real:

Fresco y tibio. Consonante y vocal.

Admiración y oración.  Admiración.


Así que leo tu locura cada mañana.

Y cada tarde y cada noche también.

Te beso los versos, la amargura.

Te beso tus besos y tus sesos.


Y no te espero, no te quiero, no te tengo.

Mas te amo, como solo las almas en pena  pueden amar:

Sin olor, ni esperanza ni eternidad.

Te amo para  siempre hoy; y hasta que la muerte te separe.

Comentarios

Publicar un comentario

Qué Opinas?